Mi biografía que quizás pueda ser mentira (I)

Tenía 14 años, era verano y yo estaba de vacaciones, las vacaciones veraniegas eran muy parecidas al curso escolar ya que por aquel entonces era un mal estudiante.

Un día mi tío que era camionero, me ofreció a irme con él de ruta, yo claramente accedí para no tener que aguantar a mis padres y a los malos contenidos televisivos veraniegos.

Aquella mañana nos dirigíamos mi tío y yo hacía Córdoba ya que tenía que llevar unas telas a un almacén, yo por el camino me entretuve en descubrir dónde tenía escondidas las revistas eróticas junto a la señorita de pechos abultados del calendario. Cuando estábamos por la mitad del camino, me entraron ganas de cagar, se lo dije a mi tío y por lo visto tenía el la parte trasera de la cabina un puertecita que conducía al cargamento y justo a la derecha había un vater.

Después de quedarme agusto me di cuenta que no había papel, me puse muy nervioso rebuscando por todos lados un papel con los pantalones en las rodillas, tambaleándome de un lado para a otro con las curvas de la carretera, pero al final, encima de un rollo plastificado de tela había un papel de color amarillo, lo cogí y…. ¿hace falta que diga que me limpié mi hermoso ano con él?

A los treinta minutos siguientes llegamos al almacén, nos bajamos y pasó lo peor que me podía haber pasado, me dijo mi tío que estaba hablando con el jefe del almacén:

– Gustavo entra en el cargamento y en un de los rollos del final hay un papel amarillo, pues cógelo que le tenemos que entregárselo a este hombre.

EL MUNDO SE ME CAYÓ ENCIMA. Me subí y empece a buscar el papel lleno de heces, lo encontré y con otro papel lo limpié como pude, aun quedaban restos y olía un poco mal.

Cuando me bajé mi tío vio el papel y supo inmediatamente lo que hice, me miró y entendí perfectamente lo que decía:

– ¿Cómo has hecho eso? La hemos cagado (nunca mejor dicho).

Cuando le dí el papel al jefe del almacén el olor a mierda nos invadió a todos, hubo un silencio de unos diez segundos, el jefe miró el papel, luego a mi tio, mi tío me miró a mí y el jefe puso su mirada de miedo en mí. Mi tío le dijo que teníamos prisa y nos fuimos. Al irnos, miré por la ventana como el jefe soltaba el papel e iba corriendo al lavabo para lavarse las manos.

El viaje de vuelta fue muy silencioso y encontré cinco revistas más de muchachas solo de cuatro años mayores que yo.

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Acerca de Yo escribí esto

Nací en el seno de una familia aristócrata, más tarde me echaron cuando comencé a hablar, me dijeron: - a decir gilipolleces a otra parte
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